martes, 5 de agosto de 2014

Me declaro incompetente.

Todo el día arañando las calles llenas de papeles de plata,
mis pies se niegan y reclaman con cada paso,
esta no es vida y lo es
es lucha y no es,
vuelven las preguntas gastadas,
las que se hacen a los ocho a los dieciséis o a los cuarenta,
temblorosas, esparcidas, casi negras,
aparecen las respuestas,
no sufro
no lloro
una linea plana de cardiograma,
sin embargo la vida presente sin amarras,
sin anclas,
tratando de ver que echar en la maleta,
hasta puedo escuchar en mis venas, todos los trenes que vienen a mi encuentro,
lo siento, del anden me he ido,
quien sabe si para siempre.

Nina Salinas
Grito de mujer (3)
Después de mil años de andar descalza,
con los pies heridos, el corazón en la mano y la tristeza a rastras,
llego donde el cirujano del alma,
así y todo, sin pruebas,
me da dos miradas a mi negra ropa, a mis orejas y a mis uñas,
lloro y rio, rio y lloro,
escucha, me dice,
debes quitarte el habito de sor Teresa de Calcuta,
cual? que? de que habla?
debes pensar en ti,
ni puedes cargar con las cosas ajenas,
pero, pero,pero...
entonces de vuelta y me digo,
esto me va a matar,
no la enfermedad, ni el castigo ni la ausencia,
el perro, el mendigo,el niño,
la sangre, Palestina,
mi calle sucia,el mar podrido,
la ausencia de tus ojos,
y tu maldito incienso.
ay, no puedo,
vuelva en Agosto, ojala sin habito,
yo me rio a gritos, una puta de la esquina me sonríe,
una atea y con habito,
donde se habrá visto?

Nina Salinas
Grito de mujer (4)

Que miras? que ves?
solo carne?
pues no te daré
no me da la gana,
esto no es u na carnicería y lo es, en todas sus acepciones,
natural,latina, mujer,
voy mas allá del que dirán,
incluso de tu fe,
la que olvidas,
cuando te llenas de embriaguez,
de deseo,
solo puedo decirte,
que no me pongo al fuego del sol para ti,
eso ni lo sueñes.
pedazo de cabrón.

Nina Salinas

lunes, 10 de febrero de 2014

Maldita hoguera

Maldita de mi maldita,
maldito de ti maldito,
era sólo verse y salir corriendo,
llegar casi atropellados y quitarse la ropa,
sin saber de nada, de nadie sin mediar palabras,
solo las justas,
entonces con cuatro lenguas me sacabas de quicio
me cubrias toda de pegajosa miel de tu enjambre,
pedias mas a gritos, a susurros a lamentos,
y perdias tu serena estatura,
entre escombros de llanto,
tu y alguien que te esperaba,
yo y alguien que agonizaba por mi,
el silencio entre los dos,
nada se dijo, nadie lo supo,
solo que habia fuego y nos quemábamos.
llevo todo de ti para siempre auque no sean
mios tus amaneceres,
grato amante, enciendes mi piel,
y no hay quien la apague.


Nina Salinas.

Canto al espejo

Dos lunas en silencio,
dos cuerpos esperando,
insaciable como siempre,
mordiendo con su deseo intacto,
estúpida yo creyendo su por favor,
nada, yo pedia por favor despues de
cuatro temblores y sus sutnamis,
lamiendo todo lo que hubiera a su paso
su falo caliente, sus extremas fragancias
de su abrazo, a almizcle, canela, naranjas,
el sudor era uno sólo no se sabe cuanto,
y quien bebió el agua,
sólo se que me esperaba dormir muy tarde,
muy rota de piernas y caderas desmadejadas,
cuanto añoré aquella carne salada,
agreste, prieta y achocolatada,
entre brumas y sombras se hizo el alba,
ahora lejos de aquella isla despierto fria
y sola, sabiendo que sólo fué una vez,
y para siempre nada.

Nina Salinas.

Dame el infinito

La colcha sobre el desorden
los pies en la almohada
tú, urgentemente en mi boca,
despues de tantos dias soñados,
y luego entre pliegues jugosos
de fruta salada,
lloras en silencio,
mueves tus ojos enloquecidos
en la otra galaxia,
sin compasión muerdes el cuerpo amado
lo lames,
lo retuerces entre los dedos,
olvidando tu nombre y tu raza,
nada es distinto
el deseo nos iguala
sobre el eco de mi canto, de loba aullando
sobre tu hermoso cuerpo, vienes a mi
en grandes olas de sangre,
arrastrando mi cadáver vivo,
entre medio veo, tus grandes ojos mansos
que me invitan a morir en ese mismo instante.

Nina Salinas.

Derramando estrellas

Iba y venia
iba y venia
iba y venia
manos temblorosas
su boca de fuego en la espalda
su latido de tigre entre las piernas
 y entonces sucedía
derramaba todo el universo
en las caderas de alabastro
él, el trozo de ebano y seda
hecho ser humano.


Nina Salinas.